La 49ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro echó a andar con la entrega del Premio Corral de Comedias a Pepe Viyuela en la inaguración oficial del certamen cultural.
“Un personaje y una persona como Pepe Viyuela vive en el imaginario de muchísima gente”, ha asegurado Pardo. “El Premio Corral no sólo viene a reconocer una trayectoria artística no sólo larga sino muy ancha, llena de personajes maravillosos”. “Eres tremendamente merecedor de este premio. Lo que espero es que el Festival de Almagro sea merecedor de que tú seas Premio Corral”.
Pepe Viyuela se ha mostrado muy agradecido “por la oportunidad de disfrutar de algo así, por convertir este 2 de julio en un día inolvidable que me acompañará siempre”. Pero, además, ha afirmado que “un premio como este supone un gran honor, pero también un compromiso: tienes que ser merecedor no sólo el día que te lo dan sino también por todo lo que te quede”.
Viyuela se une así a una lista de galardonados de la que forman parte Nuria Espert, José Sacristán, Concha Velasco, Antonio Gades, o los más recientes Blanca Portillo, Rafel Álvarez ‘El Brujo’ y Cristina Hoyos. “Los actores nunca dejamos de tener esa sensación de impostores porque siempre estamos en la piel de otros, siempre estamos siendo lo que no somos realmente. No sé si soy merecedor o no, pero una vez que asumes que formas parte de esa pléyade de nombres con los cuales me cuesta compararme, toca relajarse y decir: ahora disfrútalo y merécetelo”.
El oficio del actor, ha explicado, “es algo más que una profesión: es casi un sacerdocio, una vocación, algo que te compromete con la sociedad, contigo mismo y con el momento que estás viviendo, y que es el modo que tienes de conectarte con la alegría, con el mundo y con las personas”.

Fugacidad y eternidad
“El teatro tiene un componente doble de fugacidad y eternidad: el momento fugaz que se nos escapa entre los dedos apenas termina una función —como este Premio para mí— nos sigue acompañando el resto de nuestra vida. Ese polvo de mariposa que queda entre los dedos después de una función es imperecedero, traspasa generaciones. Y eso es la existencia: nuestra existencia es fugaz, pero puede ser también un destello de eternidad que permanezca para siempre en la memoria de todos aquellos y aquellas que nos han acompañado dándonos momentos de felicidad e intensidad.
También ha hecho hincapié en el poder simbólico del Corral de Comedias, “toda una metáfora de la capacidad de supervivencia del teatro”. “Pese a haber desaparecido durante un tiempo, hoy es un lugar emblemático desde el que soñar el mundo de nuevo. Es una especie de ave fénix llena de fantasmas, no sólo de los actores y actrices que han pasado por él, sino de las historias que allí se han contado y que nos han hecho imaginarnos, criticarnos, discutir y, al mismo tiempo, acercarnos como seres humanos.
“El teatro es una herramienta para conocernos, para imaginarnos y para intentar construir un mundo mejor. No creo estar siendo exagerado. El teatro no es un mero entretenimiento —aunque pueda serlo también, no es nada malo— sino que es un lugar para reconstruir el mundo y para reformularlo”.
Y es ahí donde Viyuela reivindica el papel del cómico: “El humor nunca debe ser narcótico sino ‘espabilante’, una especie de ariete que nos despierte ante la intolerancia, ante la injusticia, ante los crímenes que se cometen constantemente. El modelo que intento encarnar es el del cómico que vive en su momento y no mira hacia otro lado, que se moja sin miedo a equivocarse. Nunca he pretendido tener razón siempre, sino ejercer mi derecho a decir lo que pienso. Y creo que el teatro es un buen sitio para decirlo. No es propaganda ni panfleto, no es un púlpito, pero sí es un lugar donde se exponen las cuestiones y donde uno se expresa.


